Esperanza de vida de un perro con artrosis

Existen numerosas formas de ayudar a mejorar la calidad de vida de un perro con artritis. En primer lugar, recomendamos encarecidamente añadir suplementos a la dieta de su perro para mejorar su salud articular. El ejercicio regular, el control del peso y una buena dieta pueden retrasar la aparición de la artritis o incluso evitar que se produzca.

Una menor predisposición al ejercicio y un aumento de los niveles de letargo pueden hacer que un perro tenga sobrepeso y desarrolle afecciones cardíacas o circulatorias. Esto, lamentablemente, podría acortar su esperanza de vida. Osteoartritis La osteoartritis es una de las afecciones más comunes en nuestros compañeros caninos y probablemente el problema ortopédico más frecuente en los perros.

La prevalencia no se ha establecido con exactitud, pero la mayoría de los autores médicos citan que el 20 por ciento de los perros padecen esta enfermedad.1 Los perros de todas las edades pueden desarrollar osteoartritis; por desgracia, a menudo se pasa por alto en los perros más jóvenes. Aunque no existe una cura sencilla que borre la osteoartritis, hay varias estrategias que tienen un impacto positivo significativo en su progresión y efectos. Este artículo presenta un enfoque exhaustivo, basado en la evidencia, para el manejo de esta enfermedad en todas las etapas de la vida del perro.

Desde un punto de vista científico, las causas de la osteoartritis canina no se han establecido estrictamente. Las más comunes parecen ser las enfermedades ortopédicas del desarrollo, como la displasia de cadera y de codo. Se trata de enfermedades multifactoriales influidas por factores genéticos y ambientales y poligénicas influidas por múltiples genes.

En cuanto a las 50 razas más afectadas, la Fundación Ortopédica para los Animales OFA estima que la prevalencia de la displasia de cadera es del 21%, mientras que para la displasia de codo es del 16%. Un estudio de 40 años de seguimiento de perros tratados en 27 hospitales veterinarios de enseñanza mostró que 16 razas tenían un mayor riesgo de padecer displasia de cadera, con una incidencia global del 8%.2 La OA también es frecuente en la articulación del hombro, pero se sabe menos sobre cómo se desarrolla en esta localización. En un estudio de observación de toda la vida de perros labradores, la prevalencia de la osteoartritis de hombro a los ocho años era del 57% en los perros delgados y del 86% en los perros con sobrepeso.3 La osteoartritis también es consecuencia de las lesiones del ligamento cruzado craneal.

El estudio de la OFA identificó 13 razas con riesgo de sufrir lesiones del ligamento cruzado craneal, con una prevalencia global del 4,6%.2 La luxación rotuliana es otra causa de OA, y un estudio identificó una prevalencia del 1,3%.4 El mecanismo más frecuente responsable de la OA canina parece ser la subluxación articular. La OA presente en la displasia de cadera es el resultado de la subluxación de la cabeza del fémur, mientras que la osteoartritis asociada a la displasia de codo es el resultado de la subluxación húmero-cubital o radio-cubital. No hay pruebas científicas de que la edad y el ejercicio causen OA en los perros,5 aunque el público canino tiende a pensar que el desgaste de las articulaciones y el ejercicio causan osteoartritis.

Véase la Tabla 1 para conocer más mitos comunes sobre la OA. Dividir el impacto funcional previsible de la OA en los perros en cuatro etapas permite que surjan tendencias Véase la Tabla 2. La osteoartritis en las dos primeras etapas a menudo no se detecta o se ignora, ya que los signos suelen ser leves y porque a menudo se considera erróneamente que la OA es un problema que afecta a los perros mayores.

En la mayoría de los casos, los signos clínicos de la osteoartritis en sus dos primeras fases son el resultado de un dolor articular agudo, que provoca una pequeña pérdida de fuerza o de forma física. La osteoartritis suele describirse como una enfermedad multifactorial con un fuerte componente genético y puede verse exacerbada por aspectos del estilo de vida individuales de cada perro, como la dieta y los niveles de ejercicio5. En el perro, la osteoartritis suele describirse como secundaria, por lo que se cree que una anomalía articular primaria previa, como la rotura del ligamento cruzado o la luxación rotuliana, incita al desarrollo posterior de la osteoartritis3.

En la actualidad, se desconoce qué proporción de perros desarrollan osteoartritis secundaria a estas u otras condiciones predisponentes específicas6. La prevalencia de la osteoartritis en los perros se recoge en la literatura con valores contradictorios. Las estimaciones oscilan entre el 6,6% basado en datos de atención primaria7 y el 20% basado en datos de remisión4 en la población canina del Reino Unido.

Las estimaciones de Norteamérica informan de valores de prevalencia específicos por edad que van desde el 20% en perros de más de un año hasta el 80% en perros de más de ocho años, basados en datos radiográficos y clínicos de entornos de derivación8. Aunque puede desarrollarse a cualquier edad, la osteoartritis suele considerarse una enfermedad del envejecimiento y las zonas más afectadas por la osteoartritis en el perro son las rodillas, las caderas y los codos4. Por lo general, la osteoartritis se convierte en un problema más importante a lo largo de la vida del perro y, por lo tanto, el trastorno suele diagnosticarse cuando la movilidad se ve considerablemente afectada6.

Se sugiere que más del 50% de los perros diagnosticados tienen entre 8 y 13 años1. La duración de la osteoartritis en los perros no está bien documentada en la bibliografía publicada debido a la dificultad para determinar el momento en que se produce.